Todo comenzó con un aroma
A principios de los años 90, en la ciudad de Maracaibo, Venezuela, había un rincón mágico en la calle 3H donde el olor a pollo al carbón se sentía desde cinco cuadras a la redonda. Era imposible pasar por allí sin que el antojo se apoderara de uno.
Ese lugar, conocido simplemente como “Pollo 3H”, se convirtió en una leyenda sensorial: el olor, el sabor, la experiencia… todo era inolvidable.
Un sabor que se convirtió en tradición familiar
Luis Benítez, un hombre de costumbres sencillas y corazón generoso, convirtió ese pollo en parte de la historia familiar.
Cada día, llevaba uno a casa para complementar la cena, aunque nunca era suficiente. La familia se preguntaba:
¿Dónde gasta el abuelo su pensión?
La respuesta era clara: en compartir ese sabor único con los suyos.
El misterio del aroma que viajaba
Durante años, el misterio del olor que llegaba hasta el hogar sin explicación alimentó la curiosidad. ¿Cómo podía sentirse tan lejos?
Un día, el secreto se reveló: una bolsa negra escondida dentro de un radio, envuelta en papel cartón… y en el fondo, el tesoro: un pollo 3H.
Más que comida, un ritual
Era más que comida.
Era un ritual.
Un vínculo.
Una memoria viva.
El legado continúa en Panamá
Décadas después, su nieto David, con experiencia en negocios y una visión clara, decidió transformar ese recuerdo en una experiencia real. Inspirado por el sabor, el olor y el amor familiar, nació Pollos Benítez: una propuesta 100% al carbón, con un aroma que se siente desde lejos y una esencia que une generaciones.
El 15 de julio de 2024, se abrió la primera sucursal en Panamá.
Un emprendimiento con propósito
Más que un restaurante, Pollos Benítez es una historia que resucita, un emprendimiento con propósito: reunir a las familias, despertar los sentidos y compartir lo que realmente importa.